Agorafobia ¿qué es exactamente?

Agorafobia es un trastorno de ansiedad, mal conocido como miedo intenso o fobia a los espacios abiertos, pero la agorafobia no se limita a los espacios abiertos solamente, sino más bien a espacios donde puede resultar difícil escapar o ser atendido en caso de crisis, estos lugares, dependiendo de la persona, pueden ser conciertos, el supermercado o incluso un ascensor…. En definitiva, cualquier espacio que la persona no considere seguro. Las situaciones a las que la persona teme suelen ser limitadas, y existe una diferencia entre si puede enfrentarlas acompañada o tiene que hacerlo sola.

Las personas con agorafobia suelen evitar las situaciones donde no se encuentran seguros o las enfrentan, pero a costa de unos niveles de ansiedad muy altos. Esto lleva a que sus actividades se vayan limitando, produciendo esto malestar y posible aislamiento para la persona.

Los síntomas físicos de agorafobia son muy similares a los de los trastornos de ansiedad, como ataques de pánico.

Las causas por las que se desencadena la agorafobia no son exactas, y depende de cada persona particular, pero el origen suele coincidir con un ataque de pánico y a partir de ahí se empieza a tener miedo a que pueda repetirse el ataque en una situación en la que sea difícil escapar o ser atendido.

Dado que tanto los síntomas como las causas son muy variadas hace que sea relativamente común confundir este trastorno con otros trastornos de ansiedad, como por ejemplo trastorno de pánico, o estrés post traumático, ya que pueden llegar a compartir varios síntomas.

 

¿Se puede tratar?

Sí, la agorafobia tiene tratamiento y buen pronostico si el tratamiento se lleva a cabo por un profesional cualificado y la persona está dispuesta a trabajar duro para superar el trastorno.

El tratamiento puede abarcarse de forma farmacológica y a través de la psicoterapia, la recomendación en primera instancia (dependiendo de la severidad del trastorno y de la opinión del profesional que lleve el caso) es la combinación de ambos.

El tratamiento farmacológico incluye ansiolíticos y antidepresivos (siempre bajo la supervisión de un profesional) que ayudan a que los síntomas sean mas tenues.

El tratamiento psicológico, siguiendo el corriente cognitivo conductual, ha mostrado científicamente ser beneficioso para mejorar el trastorno. La opción de tratamiento psicológico, aunque más lento que el tratamiento farmacológico, proporciona unos efectos mucho más duraderos en la persona, y sin efectos secundarios.

Como terapia se suele usar técnicas de relajación para que el cliente aprenda a gestionar su ansiedad y sobre todo el análisis de las creencias que estarían manteniendo el trastorno.

¿Sabías qué era exactamente la agorafobia?